Sociedad y deporte

Las infraestructuras olímpicas

En artículos anteriores hemos visto la importancia que tiene la buena gestión de los documentos y la memoria en el caso de los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92.

Pero ¿qué políticas se aplican a las infraestructuras?

Con este artículo me gustaría generar un debate sano sobre las ciudades o países que albergan grandes acontecimientos deportivos, y sus políticas de conservación o explotación de las infraestructuras una vez finalizadas las competiciones. El desuso y la dejadez en los casos de Río de Janeiro, Atenas o Pekín han dejado unas estampas que cuestionan el si vale la pena o no tanto esfuerzo para el disfrute de unos días.

Comunicativamente, se vende como una gran oportunidad para una ciudad o país el poder albergar una gran competición deportiva. Sin lugar a dudas, en el momento de celebrarse la/s competiciones (y en los años previos de preparativos), generan unos inputs sociales positivos, aunque estos sean efímeros. No hay que perder de vista, que al fin y al cabo, los gastos públicos imvertidos salen del bolsillo de los contribuyentes.

Pero una vez finalizada la competición ¿qué hacemos con todo esto que hemos construido?

 

Los ca(s)os de Atenas, Pekín y Río de Janeiro

Son el paradigma de la mala praxis. Las nulas políticas de explotación y conservación postjuegos, han derivado en una dejadez absoluta, facilitando los robos de materiales y una estampa iconográfica que genera desolación, sobretodo en los seguidores del olimpismo y sus valores.

Estudios realizados sostienen la poca viabilidad que supone celebrar unos Juegos Olímpicos. Un porcentaje muy elevado de las inversiones proviene del erario público, provocando finalmente un agravio en los contribuyentes. En el caso de Río de Janeiro, la inversión fue de 4.600 millones de dólares (sumadas a las posteriores inversiones para La Copa Mundial de la FIFA disputada dos años más tarde, en 2016), suposo un esfuerzo por encima de sus posibilidades, contando que hablamos de un país con una fuerte brecha social entre ricos y pobres. Además, dichos estudios reflejan el poco impacto que tienen estas competiciones en la ocupación laboral, siendo esta demasiado estacional, sin que ello signifique una recuperación respecto a las inversiones realizadas.

Se construyen grandes instalaciones para albergar 15 días de competición, sin pensar en que vendrá después, sin un plan ni estrategia. La falta de diseño de unas políticas de explotación son un claro ejemplo en estas tres ciudad, dejando un conjunto de instalaciones desoladas, con aspecto de envejecimiento pese a su moderna construcción y sin un uso deportivo. Mencionar a parte, que en unos juegos se disputan una variedad muy amplia de deportes, sin que ello signifique que el país donde se celebre tenga tradición en ellos, con la consecuencia del posterior abandono.

 

Barcelona ‘92

La celebración de los Juegos Olímpicos transformó la ciudad, situándola en el top mundial, tanto por ser un motor económico y con la vista puesta en el siglo XXI (que siempre lo ha sido históricamente), como convertirse en un destino en el que todo turista tiene que visitar una vez en la vida.

Como reflejan los artículos anteriormente mencionados, cabe destacar la política de archivo tras los juegos. Pero también ha habido una labor de no perder los edificios y construcciones , además de potenciarlos y darles un uso, que a día de hoy siguen latiendo con fuerza. El éxito también radicó en la fuerza de las subsedes, aprovechando estructuras ya existentes, y en las cuales ya existía una tradición deportiva (Sabadell, Terrassa, Reus, Badalona, …).

El Estadi Lluís Companys, uno de los emblemas icónicos de los juegos junto al Palau Sant Jordi, no solo han servido para ver a los mayores artistas del planeta (Bruce Springsteen, Bon Jovi, Rolling Stones, etc.), sino que también han servido para celebrar otras grandes competiciones (la sede en el Mundial de Basket de 2014) o convertirse en la casa de un equipo de La Liga  como RCD Español.

Picornell

También las Piscinas Picornell (dentro de la anilla olímpica de Montjuic), una de las imágenes más recordada de los JJ. OO., no se han quedado en el ostracismo y siguen siendo un motor competitivo y de prática de deporte.

El Canal Olímpic de Castelldefels, es otro claro ejemplo de explotación tras los juegos. Recinto reconvertido en zona de ocio y práctica deportiva.

Y así, existen otros muchos ejemplos de recintos deportivos que siguen a día de hoy respirando competición.

Estos son varios ejemplos de que aplicando políticas de conservación de los espacios deportivos, estas inversiones pueden ser viables y recuperar parte de la inversión inicial. Los acontecimientos deportivos conllevan intrínsecamente unos valores deportivos y de respeto. Estos mismos valores deben ser respetados, tanto por dirigentes como los ciudadanos e incentivar la práctica deportiva y el recuerdo de las celebraciones que con un esfuerzo enorme (tanto económico como social) se han construido e identificado con un colectivo.

 

Luis Sánchez

@luisSlopez21

 

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